La universidad española debe responder a dos grandes retos: por un lado, tiene la necesidad de consolidar, ampliar y facilitar el acceso de la población a la educación superior y, por otro, debe afrontar las nuevas reglas de competitividad internacional derivadas de los procesos de globalización.
La sociedad del conocimiento necesita ciudadanos con un alto nivel formativo y con una visión crítica y creativa del mundo, que se adquieren fundamentalmente en la educación universitaria. Pero la universidad no sólo debe centrar la atención en los aspectos formativos; también debe acometer tareas de investigación y de transferencia de conocimiento y de tecnología con criterios de excelencia.
De esta forma, se hace necesaria una reflexión y redefinición de las misiones de la universidad en estos contextos globales, que la obligan a:
Se debe dotar a las universidades de una suficiente autonomía científica, académica y de gestión de sus recursos. Se debe mejorar su gobernanza, profesionalizando la gestión de sus recursos humanos, financieros y materiales, con planteamientos estratégicos de docencia, investigación y servicios. Es también necesario incrementar su responsabilidad ante la sociedad con rendición de cuentas de los resultados obtenidos.
Se necesita aumentar la movilidad geográfica e intersectorial de los estudiantes, profesores e investigadores universitarios, contribuyendo al desarrollo de la llamada quinta libertad, la libre circulación de conocimiento que además de la libre circulación de personas, ideas, mercancías y capitales, es necesaria para desarrollar la sociedad del conocimiento.
Las universidades deben aumentar la interdisciplinariedad de sus agendas de formación e investigación para poder responder de manera efectiva a la complejidad de la investigación actual y a la naturaleza inter- y multidisciplinar de los grandes problemas sociales, aprovechando las oportunidades de investigación e innovación en dominios emergentes de conocimiento. Es, asimismo, necesario impulsar su diferenciación y especialización inteligente en ámbitos geográficos, temáticos y funcionales en base a las propias fortalezas de cada institución.
Las universidades tienen que suministrar las capacidades y competencias adecuadas para el mercado de trabajo. Se debe mejorar la empleabilidad de los titulados universitarios y fomentar la formación y la cultura emprendedora entre los alumnos e investigadores.
La empleabilidad debe entenderse como la capacidad de encontrar y mantener un empleo adecuado a la formación, así como de moverse en el mercado laboral y progresar en la carrera profesional a lo largo de la vida. Los rápidos cambios tecnológicos, sociales y económicos de la sociedad del conocimiento exigen que la formación permita adaptarse a los universitarios a la cambiante demanda social, entrenándoles para que desarrollen la capacidad de aprendizaje permanente, el pensamiento crítico sobre problemas complejos y la autonomía personal. Por tanto, la flexibilidad y adaptación a la empleabilidad es clave para el crecimiento personal, el desarrollo social y el éxito profesional.
Es necesario poner el conocimiento al servicio de la sociedad, incrementando su compromiso con la comunidad, dialogando con organizaciones de la sociedad civil, desarrollando la misión social de las universidades.
Las universidades deben buscar la excelencia en la realización de la docencia y la investigación para poder competir a nivel europeo y mundial, participando en redes transnacionales, en dominios estratégicos con otras universidades, centros de investigación y empresas.
Finalmente, las universidades deben contribuir a hacer más visible y atractivo al resto del mundo nuestro sistema universitario. Es necesario incrementar su capacidad de atraer, retener y motivar a los mejores estudiantes, profesores e investigadores.
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